Espíritu Tanguero y el Abrazo

“El tango es un pensamiento triste que se baila”. – Enrique Santos Discépolo
”Para que los muchachos bailen, hoy tocaré el Bandoneón, la vida es una milonga” –Aníbal Pichuco Troilo
“…La Milonga enamora: Tango, abrazo, promesa de algo nuevo!! …. ” Anónimo

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El tango y yo. Siempre fui muy jazzero. Desde que empecé a apreciar la música más en serio, mi ídolo absoluto era Miles Davis (mi perro labrador negro se llamaba Miles). Entre esto, y por otro lado, el hecho de que desde niño, en mi familia el Tango no era algo que se escuchara… recién a los 55 años aproximadamente comencé a sentirme atraído por esa música misteriosa, tan poderosa y desgarradora a la vez. Al mismo tiempo, un baile fascinante. Cuando me “tocó” y “entró”, ya no salió más, una especie de fascinación emocional.

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Primero comencé a ir a las Milongas, atraído, como fotógrafo, por esa especie de similitud con la imagen adquirida en la película ”Le Bal” de Ettore Scola. Amplios salones, a veces hasta sórdidos… con personajes muy diferentes, muchas veces insólitos, los bailarines, que se entrelazaban en abrazos a veces estrambóticos.

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Personajes que me parecieron muchas veces como venidos de las antípodas. Eso me pareció al principio. Pero pronto me di cuenta de todo lo contrario: las milongas son la “gente real” de todas partes (no un espectáculo en un escenario artificial), llegando al encuentro con personas y cuerpos desconocidos y al abrazo, para iniciar un encuentro cercano, volatil y un baile disciplinado pero creativo y sensual al máximo. Puede ser algo de lo que muchos de nosotros soñamos antes. Este enfoque inicial, el Abrazo, es el espíritu y la esencia del Tango.

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Imposible de explicar con palabras, intelectualmente. Me fascinó y me conmovió!! Todo esto pronto y con fuerza me transmitió diferentes sentimientos: emoción, vibración, pasión, nostalgia, encuentro, soledad, cercanía, abrazo, alegría, diversidad enriquecedora, conciencia. Algo me estaba esperando a mí también. Me inspiró mucho. Pronto comencé con las clases de Tango. Central es decir: solo pude sentir que realmente comenzaba a bailar y volar, si así puedo decirlo, jaja (para mi bajo nivel, obviamente), en el momento en empecé realmente a escuchar la música y las canciones de Tango y dejarlo resonar dentro de mí, dejándome llevar, olvidándome de los pasos y de las técnicas estrictas que tanto me ocupaban. Llego a mi la pasion del Tango!! Muchas veces volvía solo a casa, del trabajo o así, y me ponía a bailar Tango, también solo y entre los muebles!!! Me sentí realmente movilizado y emocionado. ¡Cuántas cosas y vivencias se escriben sobre el Tango y las Milongas!

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Un bailarín de tango me dijo algo así. “Una vez que el tango te embruja, solo esperas el próximo fin de semana. Un buen día me di cuenta que llevaba zapatos de tango conmigo a todas partes. ¿Quién sabía dónde y cuándo podría surgir una escena de Tango? A veces vas a una clase o simplemente quieres romper el hábito, solo por un rato. Primero iba varias veces a la semana y me quedaba cuatro o cinco horas, hasta muy tarde. Me embriagó la música, el ambiente, la energía que se genera ahí dentro, el abrazo, el baile, el encuentro inesperado. Es un universo donde gana lo sensorial: los cuerpos que se desdibujan a contraluz, los colores, el brillo de las lentejuelas y el zapato como fetiche. La milonga te vuelve adicto”.

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Y otra, “… no se puede hablar de bailar Tango sin aludir a esa especie de choque metafísico, esa abstracción casi inexplicable que determina el juego entre dos personas, la conexión y, finalmente, el encuentro, siempre oficializado en el abrazo, el famoso abrazo de Tango, los dos cuerpos extraños unidos, no por un juego de seducción sensual sino artística: baila, baila. Por supuesto, en un abrazo pasan o pueden pasar muchas cosas, pero el Tango es uno de los pocos espacios en los que ese abrazo puede empezar y terminar ahí, sin que ello signifique una frustración. Lo que sucede durante un Tango puede ser completo y perfecto sin ir un ápice más allá, ya que no hay otra búsqueda que la conexión a través del baile y en esos minutos puntuales, en esos 3 o 4 Tangos que forman una tanda. Además, un abrazo apretado, tan cerca como lo permita la física: el Tango es el abrazo más cercano que el mundo de la danza puede permitir, siempre dentro de los límites de la danza y sin entrar en el juego de la seducción o la sexualidad.”